Desde luego últimamente tengo la mente muy embotada y no surge nada interesante que pueda compartir con vosotros, pero vamos a intentarlo una vez más, a ver si saco alguna emoción en aquellos que lean esto. Llevo una semana dándole vueltas a algo descabellado, pero me gustaría dejarlo aquí escrito.
"Querida Princesa Perfecta:
He visto necesario escribir esta carta, en la que dejarte claras las razones de todo lo que hice y haré. Empecemos por el principio, por aquel día en que te vi sentada en la hierba del parque, el día que te vi como lo que eres, una chica hermosa en todos los sentidos, una chica por la cual cualquiera perdería el norte. Y así me pasó, quedé prendado de la chica imposible, la chica que solo se fijaba en los de cuerpos llamativos y todo ese largo etc. Un día cualquiera de verano, y yo bebiendo los vientos por ti las dos semanas que quedaban antes de volver al instituto, para descubrir que ibas a mi clase. Aaay, esa fue mi perdición, conocerte algo mejor, pero yo seguía relegado a estar en un rincón de tu vida. Pero me propuse llamar tu atención a cualquier precio, y así lo hice. No tenía dinero para un gimnasio pero si tiempo libre y voluntad, y eso es muy importante. Comencé a salir a correr, comencé a meterme en el mundo, a hacer abdominales, flexiones, dominadas, y otro largo etc... Al principio aunque mi cuerpo era atlético me rendía rápido al cansancio y las molestias, pero sabía que así no conseguiría nada. Decidí que no me rendiría, y así comencé a regular mi dieta haciéndola más completa, y comencé a esforzarme de verdad, haciendo ejercicio hasta que mis músculos no respondían, mientras por mis auriculares sonaba "Under the Knife" o canciones similares de grupos que me gustaban de verdad. Busqué un uso para esa fuerza que estaba ganando, descubriendo el parkour. Mientras yo hacía esto para llegar a ti tú te dedicaba a salir con chicos que nunca te convencían y dejabas tirado. Al cuarto mes comenzaste a ser más amigable conmigo, mientras yo seguía combinando todos esos esfuerzos físicos con mis placeres, la música y los libros. Salía a correr con Disturbed o Sôber como acompañantes, me permitía el lujo de hacer ciertos ejercicios entregado a las palabras de Tolkien o de Conan Doyle, y cuando me tomaba el un día libre lo dedicaba a la guitarra, mi querida guitarra eléctrica. Tras 8 meses, al principio de verano, me vi con fuerza (real y anímica) suficiente para lanzarme de lleno... y aceptaste. Conseguí lo que me proponía, la chica perfecta... pero solo tenía una fachada perfecta. Al principio parecía que todo iría bien... pero no podías aceptar que dedicase más tiempo a una guitarra que a salir a tus discotecas, porque tampoco era aceptable que mi música no fuese la que está de moda, no aceptabas mis ratos de lectura... solo querías poder estar conmigo por la calle, pavoneandote de tener al chico que va haciendo mortales, al chico que hace que se derritan tus amigas, pero no te importaba nada más. Es por eso que he descubierto la liberación que dabas a tus ex, aunque ellos no lo viesen, y por eso he decido que para tu sorpresa me libero yo mismo. Todos estos meses (10 desde que decidí que te fijarías en mi) me han demostrado que a base de esfuerzo y no rendirme puedo llegar a donde me proponga. Todo este tiempo me lo decían mis canciones preferidas, pero yo me propuse un reto erróneo, solo conseguí una Barbie vacía. Eso no es lo que quiero, por eso ahora que me siento a gusto conmigo mismo y sé a donde puedo llegar te quiero agradecer todo esto. Sí, sin ti no habría sido posible que me propusiera un reto. Así pues, gracias Princesa Vacía, ahora sé que nunca me rendiré en mis propósitos, y que una bonita fachada puede ocultar un interior horroroso.


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