26 de enero de 2013

Carta de un alma libre

Desde luego últimamente tengo la mente muy embotada y no surge nada interesante que pueda compartir con vosotros, pero vamos a intentarlo una vez más, a ver si saco alguna emoción en aquellos que lean esto. Llevo una semana dándole vueltas a algo descabellado, pero me gustaría dejarlo aquí escrito.

"Querida Princesa Perfecta:
He visto necesario escribir esta carta, en la que dejarte claras las razones de todo lo que hice y haré. Empecemos por el principio, por aquel día en que te vi sentada en la hierba del parque, el día que te vi como lo que eres, una chica hermosa en todos los sentidos, una chica por la cual cualquiera perdería el norte. Y así me pasó, quedé prendado de la chica imposible, la chica que solo se fijaba en los de cuerpos llamativos y todo ese largo etc. Un día cualquiera de verano, y yo bebiendo los vientos por ti las dos semanas que quedaban antes de volver al instituto, para descubrir que ibas a mi clase. Aaay, esa fue mi perdición, conocerte algo mejor, pero yo seguía relegado a estar en un rincón de tu vida. Pero me propuse llamar tu atención a cualquier precio, y así lo hice. No tenía dinero para un gimnasio pero si tiempo libre y voluntad, y eso es muy importante. Comencé a salir a correr, comencé a meterme en el mundo, a hacer abdominales, flexiones, dominadas, y otro largo etc... Al principio aunque mi cuerpo era atlético me rendía rápido al cansancio y las molestias, pero sabía que así no conseguiría nada. Decidí que no me rendiría, y así comencé a regular mi dieta haciéndola más completa, y comencé a esforzarme de verdad, haciendo ejercicio hasta que mis músculos no respondían, mientras por mis auriculares sonaba "Under the Knife" o canciones similares de grupos que me gustaban de verdad. Busqué un uso para esa fuerza que estaba ganando, descubriendo el parkour. Mientras yo hacía esto para llegar a ti tú te dedicaba a salir con chicos que nunca te convencían y dejabas tirado. Al cuarto mes comenzaste a ser más amigable conmigo, mientras yo seguía combinando todos esos esfuerzos físicos con mis placeres, la música y los libros. Salía a correr con Disturbed o Sôber como acompañantes, me permitía el lujo de hacer ciertos ejercicios entregado a las palabras de Tolkien o de Conan Doyle, y cuando me tomaba el un día libre lo dedicaba a la guitarra, mi querida guitarra eléctrica. Tras 8 meses, al principio de verano, me vi con fuerza (real y anímica) suficiente para lanzarme de lleno... y aceptaste. Conseguí lo que me proponía, la chica perfecta... pero solo tenía una fachada perfecta. Al principio parecía que todo iría bien... pero no podías aceptar que dedicase más tiempo a una guitarra que a salir a tus discotecas, porque tampoco era aceptable que mi música no fuese la que está de moda, no aceptabas mis ratos de lectura... solo querías poder estar conmigo por la calle, pavoneandote de tener al chico que va haciendo mortales, al chico que hace que se derritan tus amigas, pero no te importaba nada más. Es por eso que he descubierto la liberación que dabas a tus ex, aunque ellos no lo viesen, y por eso he decido que para tu sorpresa me libero yo mismo. Todos estos meses (10 desde que decidí que te fijarías en mi) me han demostrado que a base de esfuerzo y no rendirme puedo llegar a donde me proponga. Todo este tiempo me lo decían mis canciones preferidas, pero yo me propuse un reto erróneo, solo conseguí una Barbie vacía. Eso no es lo que quiero, por eso ahora que me siento a gusto conmigo mismo y sé a donde puedo llegar te quiero agradecer todo esto. Sí, sin ti no habría sido posible que me propusiera un reto. Así pues, gracias Princesa Vacía, ahora sé que nunca me rendiré en mis propósitos, y que una bonita fachada puede ocultar un interior horroroso. 
Se despide: Un Alma Libre."

16 de enero de 2013

Las agujas del invierno.

Estoy un poco de bajón inspiracional y tal, pero voy a escribir algo antes de que me odiéis con todo vuestro corazón por soso. Veamos que tal queda esto que os traigo... dentro historia y que os guste.

"El frío clavaba sus agujas en mi piel lentamente, más de lo habitual por culpa de la ausencia de ropa de abrigo. La nieve depositaba sus copos en mi piel, que se derretían formando gotas de agua cristalina que se unían a mis lagrimas en su lento descenso. Aún así no dejaba de de correr, huyendo en este bosque de todo lo que mi vida significa, huyendo de toda la gente. Busqué mi árbol... nuestro árbol... con sus ramas sin rastro de vida, salvo las pocas hojas que la más alta, esa que en primavera tiene solo un par de flores solitarias... Subir no me costó nada, y pronto llegué a ese pequeño escondite entre las ramas, donde se bifurcaban y cabíamos sin que se nos viese con facilidad. Allí me resguardé del viento helado, pensando en como todos esperaban algo de mí, como todos esperaban que no fallase, que fuese perfecto... Pero no puedo, mi mente adora la imperfección, esa que nadie aprecia, esa que nadie espera. Nadie salvo ella, que ahora no estaba aquí... Me parecía sentir su calor a mi lado en ese árbol, pero ya sabía que nadie había a mi lado. Ahora más que nunca, mientras mi mundo se desmoronaba, el frío llegaba a mi corazón y el cielo se apagaba, necesitaba el calor de sus besos... porque después de que la oscuridad cayese sobre mí, ningún sentido quedaría en pie para saber de su llegada... y así pasó, con mis dedos rozaba lo que sería la única flor de este año en el árbol, observando como allí abajo mi piel se volvía blanca."

5 de enero de 2013

De vuelta... y dando guerra.

Tras todas estas semanas de parón, de las cuales me disculpo a aquellos que me sigan, he decidido volver a escribir... bueno, técnicamente no volver a escribir, dado que esto lleva meses escrito. Se trata de un "articulo de opinión" que escribí para Castellano. Parece ser que la profesora, que comparte mi ideología hasta cierto punto quedó encantada, así que hoy tras verlo me he decidido a compartirlo con vosotros esperando que os guste, y lo comprendáis. Muchas gracias de antemano a todo aquel que vuelva a leerme tras semejante parón sin sentido...


La santa Iglesia holandesa y sus “chicos”

Escalofriante. Es la descripción que se adueñaba de mi mente mientras hoy leía sobre  los abusos a  unos 20.000 menores por parte de la Iglesia holandesa, desde 1945. Desde violaciones (por suerte son “solo” un millar las víctimas de este tipo) a tocamientos no deseados por parte de unos 800 religiosos. Alargando “desde 1945” hasta este mismo 2011, nos topamos con una media de 303 menores abusados cada año, se podría decir que cada día escogían una nueva víctima. Ahora, al parecer, muchos de estos casos han prescrito a ojos de pena de cárcel, pero no en lo que a indemnizaciones se refiere. Es decir, ya han pedido perdón y ahora lo único que tienen que hacer para quedar en paz es pagar una suma que varía entre 5.000 y 10.000 euros. ¿Les parece justo?
 Creo que todos conocemos los Diez Mandamientos, y pienso que si ellos mismos no pueden llevarlos a cabo, nadie lo hará.  En pleno siglo XXI la Iglesia pierde su esplendor a marchas forzadas, y eso se debe a que la gente ve, por ejemplo, que Ciudad del Vaticano exhibe una gran cantidad de riquezas hasta en el más mínimo detalle, a pesar del voto de pobreza . ¿De pobreza? Tienen el segundo tesoro de oro más valioso del mundo,  valorado en unos 5.775.000.000€. La Historia demuestra que la existencia de esta gran potencia, esta manchada con mucha sangre, sin distinguir culpables de inocentes. ¿Conocen ustedes alguna bruja? Porque yo no, y entre 1450 y 1750 se persiguió, “juzgó” y asesinó a miles de mujeres acusadas de serlo, entre ellas Juana de Arco, la cual demostró hasta el último momento su fidelidad a Francia y la Iglesia.  
Está claro que no se puede generalizar, pero los actos de esta entidad han conseguido que hoy día, de entre los millones de creyentes que hay, la mayoría la haya dejado de lado. Poco a poco reconocen sus errores, pero ya será tarde. Porque como dicen en la película El libro de Eli  refiriéndose a la Biblia   “No es un libro, es un arma que apunta directamente al corazón y al cerebro de las personas.”   Si señores, hay almas más puras en algunas cárceles.
Rubén Gómez