La gente de confianza que sigue este blog me ha pedido directamente que continúe este texto, el del callejón. He decidido hacerles caso y aquí os dejo la continuación.
"La tristeza del mundo era una realidad que solo él podía notar realmente. Ni la niña, ni los ladrones, ni el mendigo, ni el panadero... solo él. Le oprimía el alma con fuerza, le recordaba que no estaba ahí para nada, que no podía ayudar en ese mundo sin ley... y decidió que era mejor seguir como hasta ahora, cerrando sus ojos sin color y continuando. El llanto era desconsolado y el grito, desgarrador, pero continuó andando. Estaba claro que las sirenas no llegarían, hacía meses que no llegaban... sí, catorce meses... desde el Gran Apagón... poco a poco fueron desapareciendo los policías... No, sus pensamientos no se podían enfocar ahora en ese pasado. Ahora nada era igual y él debía seguir su camino, sin importar lo que pasase. No era un héroe, solo un hombre sin mirada. Nunca destacó con su físico... pero no podía resistirlo, el impulso era fuerte, y la chispa de esperanza que irradiaba el aura del mundo... se dio la vuelta y corrió hacia el callejón, debía ayudar a esas personas... al menos la niña...
El panadero vio como ese hombre ligeramente alto entraba en la oscuridad del callejón sin dudarlo y se lanzaba hacia el vagabundo. Los ladronzuelos se vieron sorprendidos por el hombre de pelo gris y enmarañado que los apartaba de un empujón y se arrodillaba ante el ya muerto indigente. Vieron como cerraba los ojos, impotente.
-¿Que coño haces tío? ¿Quieres ser el siguiente?- Dijo el ladrón de esa vida inocente.
Él simplemente extraía la navaja y se quedaba contemplandola. Impasible se puso en pie y dirigió su mirada al desnutrido ladrón, rubio, de rostro afilado y ojos oscuros... como su corazón. El otro solo iba con él, su aura solo era miedo y arrepentimiento. La mugre de su cara no disimulaba su expresión de terror. También era extremadamente delgado. Claro, el hambre arrasaba todo últimamente... pero ese hombre era malo por naturaleza, el otro solo buscaba la compañía de su amigo y la solución de su necesidad...
Él simplemente extraía la navaja y se quedaba contemplandola. Impasible se puso en pie y dirigió su mirada al desnutrido ladrón, rubio, de rostro afilado y ojos oscuros... como su corazón. El otro solo iba con él, su aura solo era miedo y arrepentimiento. La mugre de su cara no disimulaba su expresión de terror. También era extremadamente delgado. Claro, el hambre arrasaba todo últimamente... pero ese hombre era malo por naturaleza, el otro solo buscaba la compañía de su amigo y la solución de su necesidad...
-Devuelve ese pan a la niña.- Dijo al asesino. Este se fijó en sus ojos sorprendido.
-Mira cegato de mierda, no sé como sabes lo del pan, pero no dudaré en hacerte lo mismo...-
-Tu alma es oscura, no conoces la bondad, y a las personas como tú siempre les llega la justicia...-
-¿Que coño dices? La poli hace mucho que desapareció. Nadie me hará pagar por este pan. No hay justicia.-
-Hoy yo seré la justicia.- Dijo clavando sus grises pupilas en las del ladrón. -Ojo por ojo...- En un rápido movimiento hunde la navaja en el muslo del escuálido ladrón, que se dobla por la cintura, aullando de dolor. -Y el mundo acabará ciego... - Con un fuerte rodillazo rompe el tabique nasal del hombre, que se derrumba en el suelo.- Tu puedes irte...- Dice al otro ladrón.-Tu alma es buena... no la manches...- Sin dudar ni un segundo el otro hombre escapa.
-Ten el pan pequeña.- Dice tendiéndoselo a la niña. Pero lo que ella no podía decir lo mostraba el aura de su joven corazón, estaba aterrada. -Tranquila, solo tienes que coger el pan y volver a ti casa...-
-¿Por qué no le matas?- La pregunta le cogió desprevenido. Se refería a ladrón, que ahora estaba tirado en el suelo, inconsciente. -Respóndeme, ahora muchos matan. ¿Por qué tu no lo has hecho?- Esa niña de unos doce años mostraba una madurez impropia de esa edad en su mirada... en sus palabras...
-¿Por qué no le matas?- La pregunta le cogió desprevenido. Se refería a ladrón, que ahora estaba tirado en el suelo, inconsciente. -Respóndeme, ahora muchos matan. ¿Por qué tu no lo has hecho?- Esa niña de unos doce años mostraba una madurez impropia de esa edad en su mirada... en sus palabras...
-Porque es fácil matar, pero no tanto vivir con ello. Ese hombre tenia miedo. Aunque estuviese dispuesto a matar de nuevo. Yo no soy quien para poner fin a una vida...- Esa niña, escuálida, sucia, con su cara triste, estaba evaluando sus palabras... era increíble.
-Te entiendo... gracias por todo... pero no tengo donde ir... no tengo casa... ni... familia...- Una sombra se apoderaba poco a poco de los ojos de la pequeña, y la nostalgia de su aura. Había muchos casos así, empezando por él.
-Yo tampoco... lo cierto es que estoy caminando en busca de un hogar... ¿quieres... venir conmigo?- Las palabras surgieron solas, ni siquiera lo pensó, pero ellas salieron...
-Yo... sí. Quiero... me da miedo seguir sola...- Las lágrimas de sus ojos se reflejaban en su alma... era doloroso ver como arrancaban el polvo a su paso... esa niña llevaba mucho tiempo sola...
-Tranquila... vamos... no deberías seguir en este callejón.-
-Por cierto, soy Mireia. ¿Y tú? Seguro que tienes nombre de héroe...-
-No, lo cierto es que mi nombre es tan normal como el tuyo, o como el de cualquier persona. Me llamo Roberto.-
Ella sonríe ante la normalidad del nombre, él ante la alegría de la niña, y ambos salen juntos de ese callejón oscuro, de esperanzas vacías. Pero Roberto lo nota, el mundo ahora tiene una pequeña luz de esperanza en su profunda tristeza, porque hoy una niña inocente ha vuelto a encontrar algo de felicidad.
Ella sonríe ante la normalidad del nombre, él ante la alegría de la niña, y ambos salen juntos de ese callejón oscuro, de esperanzas vacías. Pero Roberto lo nota, el mundo ahora tiene una pequeña luz de esperanza en su profunda tristeza, porque hoy una niña inocente ha vuelto a encontrar algo de felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario